MENDIVE Y CUBA: UNA RESERVA DE CIVILIDAD (Fragmentos)

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Cuando veo performances de Mendive o sus cuadros me siento «el otro», en modo sutil y suave, no agresi­vo, y creo que quizás la mezcla entre humanismo y negritud ―para emplear una palabra acuñada por el gran senegalés Léopold Sédar Senghor― crea esta dimensión de la comunicación, del lenguaje, que lo hace a uno entrar en el universo de Mendive como si fuese agua, la cálida agua de las playas de Cuba; ello me ha dado la clave, quizás un poco dialectal y directa, de lectura de sus obras.

Me siento bien cuando entro en la obra de Mendive porque el hombre es total, compacto, coherente consigo mismo.

Vive en armonía con su ambiente y sobre todo con su tierra, y me trae a la mente una cita de mi manifiesto del naturali­smo integral escrito en agosto de 1978 en plena selva virgen, en una de las zonas más remotas de la Amazonía brasileña: «El naturalismo integral es alérgico a toda forma de poder, o de metáfora del poder. El único poder que reconoce no es aquel abusivo de la sociedad, sino el purificador y raro de la imaginación al servicio de la sensibilidad». Lo cual se corresponde con el tipo de sensibilidad y de afectividad que puede provocar la obra de Mendive.

No tengo dudas de que existen claves diferentes para su lectura, y se pueden encontrar en los símbolos de su bestiario y en ciertas alusiones al vudú y a los ritos africanos. Tales elementos forman parte de la verdad de Mendive, pero no constituyen toda su verdad.

Puro y al mismo tiempo esencial, Manuel Mendive se ha vuelto universal, como la apertura criolla a un humanismo internacionalizado y a sus correspondientes valores; en este sentido, retomando mi manifiesto sobre el naturali­smo integral, se trata de una respuesta que goza la tierra para ciertos rituales comunicativos de dimensión orgánica y afectiva total, y se corresponde con nuestra necesidad, sobre todo en este período, de permanecer entre el modernismo y la condición posmoderna; la necesidad de nuestra sociedad industrial y la sociedad posindustrial de verificar una nueva carga de sensibilidad, quizás de sensibilidad no verbal.

El talento de Mendive está en presentarnos todas estas interro­gantes a través de su pintura, de una manera a la vez dulce, quizás exótica, pero en el sentido justo de la palabra, no folklorística.

Mendive vive en un país que afronta dificultades económicas, tecnológicas e ideológicas, pero la permanencia de los valores ilustrados por él podrán ser un elemento de salvación, una llamada al orden civil, una reserva de civilidad permanente para Cuba.

Milán, abril de 1990